Todo parece avanzar en el sector móvil excepto las baterías. Los fabricantes se limitan a controlar su tamaño, a añadir nuevos sistemas para facilitar su carga o a decidir si podremos cambiarlas por otras nosotros mismos o tendremos que acudir al servicio técnico. Pero la tecnología en sí no evoluciona y arrastramos los mismos problemas desde hace años.
Uno de ellos es, cómo no, la degradación de las baterías. Un problema que volvió a primera plana a causa de las incidencias de iOS 11 con la autonomía de los iPhone más antiguos pero que, en realidad, siempre ha estado ahí, desde el principio de las baterías recargables. Con el litio desapareció el efecto memoria, pero las baterías siguen muriendo con el tiempo de forma irremediable. Tratemos de explicar el por qué.
La elección del litio para los dispositivos electrónicos era algo lógico, toda vez que se trata del material que produce las baterías más ligeras de todas las opciones disponibles en su momento. Tanto si se trata de una altavoz Bluetooth que pesa cuatro kilos como de un móvil de 140 gramos, su batería estará hecha de litio. Es una batalla que se jugó hace ya mucho y que ganó el material actual, entre otras razones porque, como contábamos, también hizo olvidar el efecto memoria.
El problema de las actuales baterías de litio, y de muchas antes que éstas, es que en su funcionamiento interno se encuentra su propia condena a muerte. Las baterías están diseñadas para que el ánodo y el cátodo intercambien iones, en este caso de litio, a través de un electrolito que no debe ser acuoso. La consecuencia de este proceso es que, a nivel químico, se producen ligeras variaciones en los propios electrodos, de forma que van progresivamente perdiendo eficiencia.
Uno de ellos es, cómo no, la degradación de las baterías. Un problema que volvió a primera plana a causa de las incidencias de iOS 11 con la autonomía de los iPhone más antiguos pero que, en realidad, siempre ha estado ahí, desde el principio de las baterías recargables. Con el litio desapareció el efecto memoria, pero las baterías siguen muriendo con el tiempo de forma irremediable. Tratemos de explicar el por qué.
Cuando tu funcionamiento es la razón de tu muerte
La elección del litio para los dispositivos electrónicos era algo lógico, toda vez que se trata del material que produce las baterías más ligeras de todas las opciones disponibles en su momento. Tanto si se trata de una altavoz Bluetooth que pesa cuatro kilos como de un móvil de 140 gramos, su batería estará hecha de litio. Es una batalla que se jugó hace ya mucho y que ganó el material actual, entre otras razones porque, como contábamos, también hizo olvidar el efecto memoria.
El problema de las actuales baterías de litio, y de muchas antes que éstas, es que en su funcionamiento interno se encuentra su propia condena a muerte. Las baterías están diseñadas para que el ánodo y el cátodo intercambien iones, en este caso de litio, a través de un electrolito que no debe ser acuoso. La consecuencia de este proceso es que, a nivel químico, se producen ligeras variaciones en los propios electrodos, de forma que van progresivamente perdiendo eficiencia.


Comentarios
Publicar un comentario